Durante esta época de pandemia, he notado una situación de cambio profundo sobre la preocupación por la salud relacional de las personas en el ámbito laboral.

Se está produciendo una revolución en el lugar de trabajo, cuando la jerga corporativa como el ROI, la participación de mercado o las ventas, se han comenzado a mezclar con las palabras de moda como el propósito y la salud relacional.

La calidad de nuestras relaciones no es solo importante en estos momentos, sino imprescindible. En este periodo de pandemia, más que nunca. Sabemos que la ausencia de relaciones significa la negación de una persona. Y sabemos también que una clave de la felicidad para cualquier persona es sentirnos parte de un grupo, de una red, tener apoyos, compartir y sentirnos queridos y poder cuidar y sentirnos cuidados. Pues, esto es vital, en mi opinión, para disminuir el nivel de alerta y peligro que podemos sentir por haber descubierto que somos más vulnerables de lo que pensábamos, y que nuestro bienestar y comodidad están disminuyendo. 

La preocupación hoy en día va mas allá de tener suficientes ingresos para cubrir las necesidades básicas, pensamos y nos enfocamos más, hacia una visión de realización personal, propósito y crecimiento.

Esta es precisamente la razón por la que muchas personas que perdieron sus trabajos durante el último año, no solo lo experimentaron como una pérdida de ingresos y seguridad, sino también como una pérdida de sí mismos. El último año nos mostró que el trabajo es una parte fundamental de nuestra identidad.

Las empresas durante los próximos años deben poner bajo un microscopio todos los aspectos de la dinámica de la salud relacional.

Esto significa que muchos de los aspectos sobre las relaciones humanas se pueden aplicar al futuro del trabajo. Porque lo relacional es transversal en nuestras vidas. Cada persona lo vive en congruencia a su singularidad y lo incorpora en sus objetivos personales y empresariales. 

Las empresas se han dado cuenta de que, a diferencia del rendimiento y la productividad, las relaciones son mucho más difíciles de medir, mantener y reparar. Aunque cuando surge un conflicto, también es más fácil levantar la mano en y relegar la inteligencia relacional al ámbito de lo personal en lugar de lo profesional.